Déficit de naturaleza

Déficit de naturaleza

Par empezar este post os propongo que os hagáis una pregunta ¿nuestros hijos están suficientemente en contacto con la naturaleza?.
Es importante que nos lo preguntemos ya que se empieza a hablar de que nunca antes una especie había estado tan desconectada
de la naturaleza y esto nos debería preocupar seriamente, varios autores han documentado los efectos negativos de esta
carencia en la salud física y psíquica de los pequeños.

Los efectos más preocupantes son la disminución de la creatividad, la capacidad de asombro y la facultad de aprender a través
de experiencias directas. De ahí la importancia de alejarlos de los juguetes electrónicos y dejar que salgan más al exterior.
Como padres podemos modificar este déficit planeando en nuestros ratos libres una excursión, un paseo, juegos en la playa, etc.
Tenemos la suerte de vivir en una isla que nos permite organizar todas estas actividades sin mucha dificultad.

En los centros escolares se debería tener un espacio verde o un huerto… donde el niño pueda tocar y experimentar en la naturaleza.
Es lo que priorizamos en nuestro centro, zona de huerto, árboles, tierra, donde ellos puedan crear, moverse con total libertad
crear, ver crecer las plantas que nosotros mismos plantamos, ver el fruto y alimentarnos directamente de la planta, es esencial
este contacto y experiencia para nuestros niños.

Diversas investigaciones relacionan este contacto con la reducción del déficit de atención, del estrés y de la depresión. Incluso
con un mejor desarrollo cognitivo, además de ser un poderoso antídoto contra la obesidad. Está claro que no es la solución a
todos los males pero sí es una herramienta importante para que los niños desarrollen muchas habilidades a través del juego libre.
Los niños que juegan libres desarrollan más el sentido de cooperación, la imaginación, la introspección y la reflexión.

Además fomenta el compañerismo y la igualdad ya que la naturaleza no impone condicionantes. Es importante también para que tomen
consciencia de la crisis medioambiental que está sufriendo nuestro planeta, si ellos aprenden a amar nuestro entorno,
a tocarlo, vivirlo y disfrutar de todas las riquezas que nos aportan, seguro que siempre tendrán una mayor concienciación y cuidado
de la naturaleza.

En definitiva y como conclusión los niños deben salir, deben embarrarse, deben jugar en el exterior, experimentar, porque de esta manera
estarán mejor capacitados para lidiar con la vida cuando crezcan.

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